Ahora hago memoria de los días en que jugando a elegir habíamos elegido amarnos, y sin querer al mismo tiempo abro los ojos y hago cuentas del tiempo que juntos llevábamos así, temerosos. Parecíamos un par de extranjeros estrenando tierra.
No hay nada que agregar ahora y sería una vuelta inútil decirnos el sin sentido de las palabras que nadie entiende, perdonarnos la ofensa que no existe, conceder a una esperanza que sabemos ya no será tuya ya no será mía
Y sé que ahora si voy a escribir, venciendo el temor de que la literatura no sea lo mío, escribir sobre esta ciudad llena de cantantes cuyos corazones rompieron y jovenes suicidas, y bicicletas, y basura y libros, escribir sobre el lugar a donde llegaron dos seres que querían pintar de rosado el cielo y después se jodieron.
Tengo la ilusión de que hay que alegrarse y joderse juntos y que así empieza lo colectivo. Aunque tu no lo entiendas.
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