Creí que podía evadir mis memorias y que al silenciarme olvidaría mi pasado, ahora me queda claro que la luna aún camina junto a mis noches y que mis lágrimales no han parado de llorar desde hace años. Me queda claro que con el tiempo no me hago más fuerte, solo aprendo a evadir los sucesos inevitables; que no dejo de lado las cosas, simplemente no las nombro a menos de que esté conmigo.
Me queda claro que me equivoqué de nuevo, y que sigo caminando sin saber el destino.
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